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Juzgando: "Juego de Tronos Temporada 7"

Serían finales de año de 2016 cuando tuve la oportunidad de ver la primera temporada de “Juego de Tronos” (o GOT por sus iniciales en inglés). En su momento me generó rechazo: Si algo era demasiado popular, no debía ser excesivamente complejo o inteligente ya que alejaría a la audiencia masiva propia de las series. Al mes ya me había cepillado sesenta capítulos y estaba como un yonki sin su pirula.

Fue un flechazo a mi faceta más racional, dando la vuelta a todas mis expectativas de “historia simple y palomitera”. Una aventura épica y gigantesca repleta de personajes carismáticos, tridimensionados, desarrollados y muy bien interpretados; con tramas y subtramas repletas de complejidad y entrelazadas entre sí. Un mundo fascinante lleno de casas enfrentadas por conflictos políticos, grotescas escenas de batalla, preciosos romances y diálogos que ya le gustaría a Cervantes. Las seis primeras temporadas de “Game Of Thrones” es una sucesión tras otra de capítulos absolutamente magistrales que logran tener un nivel ridículamente alto de calidad y elaboración tanto a nivel productivo como escrito, pero manteniéndose siempre en la vanguardia de la diversión. Son perfectos en lo que intentan.

Pero con el tiempo se quedaron sin libros que adaptar, y como George R. R. Martin es lento de narices, los guionistas se vieron forzados a inventarse la séptima temporada. Pero, ¿Qué es de GOT sin su autor original? Veámoslo. Spoilers a tutiplén.

La mejora más fácilmente detectable en la penúltima entrega de la saga es la dirección. Hasta el momento la serie había sido muy cauta al respecto, de plano-contraplano para las conversaciones y priorizando la utilidad sobre el uso de la imagen como recurso. Tampoco es como si tuviera el nivel de una sitcom, pero creo que me entendéis. Ya en la “Batalla de los Bastardos” se pudieron apreciar los primeros estertores de lo que sería la séptima temporada, con ese plano secuencia tan grandioso en el que se siente la desesperación de los seguidores de John [Dios como me lo follaba] y la confusión del enfrentamiento. Y todo eso evolucionó hasta impregnar la obra entera.

La S7 tiene un nivel de dirección que ya les gustaría a muchas películas. El screenplay está cuidadísimo, hay mucho más juego de cámara, la intención ha pasado de ser puramente utilitaria a tener ambiciones más estéticas y hay ciertos momentos que la serie se permite que hasta el momento hubieran sido inéditos (como la parte en la que se nos muestra la desagradable rutina  del gordo ―Samwell― en la biblioteca con un montaje en el que se ven distintas escenas de él haciendo oficios desagradables, cada vez sucediéndose los planos de forma más rápida para remarcar el hartazgo). Las batallas ganan muchísimo, destacando otro plano secuencia magnífico cuando nuestra albina psicópata favorita calcina a parte del ejército Lanister. La experiencia visual es muy agradable y hace del visionado algo mucho más entretenido aún si cabe.

Quizás la controversia surge del guion en sí mismo. Seamos caudillos: No está al nivel de RR Martin. Cada una de las temporadas adaptadas de los libros traían consigo una buena pila de desarrollo de personajes, profundización en los enfrentamientos, giros inesperados y mezcla de unas tramas con otras. Esta nueva va a lo fácil, yendo a los conflictos y sin desvirtuar demasiado (cosa que precisamente era parte de la gracia). Se deja el desarrollo de personajes mayormente de lado para centrarse en el enemigo inminente y la guerra entre las dos reinas psicópatas mientras Nieve ve que no puede hacer nada. Irónicamente mientras que la dirección pasa de utilitaria a estilista, la trama de GOT sufre justo el proceso contrario.

Tampoco es como si la historia fuese mala, sigue teniendo una buena dosis de giros inesperados y las subtramas que componen la principal siguen teniendo un alto grado de elaboración (el plan de Cersei para recuperar los siete reinos y cómo con estrategia le remonta a Daenerys es buenísimo), pero le falta esa chispa de genialidad. Es una historia muy buena, pero no tiene la magistralidad y el endiablado cuidado de las partes adaptadas de los libros de RR.

Le falta esa magia. La magia que hizo que poco a poco Brienne de Tarth se enamorase de Jaime Lannister. La magia que hizo que Tywin obligase a Cersei a casarse con Loras Tyrell. La magia de Odor confundiendo el pasado con el futuro y quedando traumatizado para siempre. La magia que hizo de Davos ese personaje tan absolutamente brillante que se ve forzado a ayudar por lealtad a su amigo y cada vez más enloquecido Stannis Baratheon. Le falta… algo.

A ver, estoy siendo un poco pesimista, pero esta bajada en la calidad (que, repito, sigue manteniendo un nivelazo) no es realmente importante. Tras tantas temporadas de construcción al fin las grandes aventuras llegan a su conclusión. John Nieve peleando contra los caminantes blancos, Daenerys desembarcando en los siete reinos, Cersei luchando por el trono… Todas estas aventuras que hemos estado siguiendo con fervor religioso están llevando a las catarsis, y eso genera una enorme satisfacción para todos aquellos que hemos invertido emocionalmente en los personajes. Puedo perdonar sus errores (dragones supersónicos, que el best guy se lleve a la albina a pesar de seguir traumatizado por el asesinato de su difunta mujer, que de todos los libros de la gigantesca biblioteca Samwell justo descubra aquel en el que se revelan los orígenes de Nieve…) si me das una escena tan buena como la de Sansha acabando con Meñique. Puedo tolerar la estructura narrativa más simplificada si me muestras cómo ahora John se identifica con el rey de los salvajes con el que en su momento chocó. Y puedo aceptar que sea predecible si te sacas un puto dragón zombie.

Es el final de la historia, y desde un punto de vista pragmático no hay otra forma de hacer una temporada más épica. No es un diez intelectual: Es un diez emocional.


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