LaEsquinaDeLaTostadora

Reflexión: No existe la objetividad en el arte.

“50 Sombras de Grey”. Todos podemos coincidir en que es una mierda de película… ¿o no?

Si nos vamos a su target audience, descubriremos que ha tenido un éxito arrollador. A las mujeres de alrededor de cuarenta años les está encantando y vende como pan caliente. ¿Y a qué se debe este éxito? Pues a que hace “check” en todas las casillas necesarias para que su audiencia objetivo disfrute del largometraje: Tiene actores bastante guapos para el canon actual, introduce elementos que hacen la experiencia más interesante (como el bondage), una protagonista con la que las espectadoras pueden identificarse… Es un conjunto de decisiones en el guion, producción y dirección diseñados para que a ese grupo demográfico (al cual me referiré como una unión de personas que comparten una serie de características comunes que justifican el que les guste una creación artística en concreto. Ergo dos fanes de Star Wars IV pertenecen al mismo grupo demográfico para esa cinta pero a dos diferentes si sus opiniones chocan en el momento en el que hablamos de “El Imperio Contraataca”) le termine encantando... a pesar de que algunas de estas decisiones choquen con las características que buscan otros grupos demográficos.

¿Y por qué se acusa a “50 Shades” de ser “objetivamente” mala? Pues… por no seguir la serie de características que otro target audience quiere (los críticos) a la que en ningún momento quiere apelar… ¿Soy el único que se da cuenta de que algo falla aquí?

El problema de la “verdad objetiva” es que consiste en la imposición de una serie de características que apelan subjetivamente al segmento demográfico de los críticos. Para ellos, si una obra artística (me referiré sólo al cine para simplificar) tiene muy buena dirección, ritmo adecuado y una historia compleja, será buena (sé que hay mogollón de matices y que el conjunto no es la suma de las partes, pero hablaré de esta forma para simplificar). Pondré ejemplos extremos para que nos entendamos: “Odisea 2001” es una obra maestra por tener mensajes interesantes sobre el sentido de la humanidad, dirección alternativa, arte preciosista y una fotografía impresionante. “Transformers 5” es mala por tener un screenplay confuso, personajes básicos y una trama básica y absurda. Y el razonamiento para que esto sea objetivo consiste en que sus criterios para juzgar una obra son los verdaderos por el simple hecho de que (por regla general) son los que más tiempo llevan en este medio artístico. Las casillas a rellenar del resto de grupos demográficos, en otras palabras, no cuentan, y no son siquiera tomadas en cuenta.

Lo que vemos es que aquellas cintas que no van dirigidos a ellos son denostadas por no cumplir sus requisitos subjetivos e ir a por los de otros grupos demográficos. Y tienen razón porque sí. Esta situación tendría el mismo sentido que si ahora los seguidores de “My Little Pony” se organizasen para decir que todos los clásicos de ocho y nueve en FilmaFinnity son una basura por no generar la sensación confy que tiene la serie de dibujos animados: Estarían imponiendo unos criterios personales que ellos consideran verdaderos.

Y este es uno de los mayores problemas de los críticos tradicionales: Que no son capaces de entender los razonamientos por los cuales uno puede apreciar e incluso adorar una obra que ellos consideran mala. No les entra en la cabeza que el simple hecho de tener una chica patata, un prota tan rico como guaperas y sexo puedan ser razones suficientes como para que millones de personas estén petando las salas en las que se proyecta “50 Shades”. Porque el conjunto no es la suma de las partes, y podrás acusar a una película de tener millones de fallos, que con un par de buenos aciertos puede ser apreciada por hordas. Y lo que para un crítico puede ser negativo, para otra persona de otro grupo demográfico puede ser bueno (como la extremada simpleza y el obsesivo amor que los chicos de Crepúsculo sienten por Bella).

La mayor defensa de esta “imposición de criterios” es que los críticos suelen estar en lo más alto de la pirámide poblacional del arte: Los que más tiempo llevan en el medio. Y ciertamente todo aquel que disfrute el cine irá escalando y cambiando de segmento demográfico hasta finalmente compartir casillas muy similares a esta gente (por lo general). Pero esta madurez no es razón alguna como para imponer lo que a fin de cuentas son tus “condicionantes de gusto” sobre los demás grupos demográficos.

Aquí suele entrar en la palestra el “nosotros sentimos más que aquellos que observan el cine de forma diferente”, pero este se basa en un imperativo de “críticos>todo el resto” y en la incapacidad de ponerse en la piel de aquel que va a ver la nueva de Transformers. Y para una ejemplificación, yo mismo:

Hay dos obras que me han llegado a la patata, que me han tocado más profundamente que ninguna otra pieza de arte en la existencia. Prefiero mil veces más estas creaciones que todos tus Padrinos, Psicosis y Apocalypse Nows. Sus nombres son “White Album 2” y “Katawa Shoujo (Lilly´s Route)”, siendo el primero anime y el segundo videojuego. Cualquier crítico podría ver estos dos dieces y pensar que mi opinión apenas cuenta o que no he avanzado tanto en el arte, pero os puedo jurar por lo más sagrado que estas dos obras alcanzaron zonas de mi corazón donde nunca nada había llegado hasta el momento. He visto muchas piezas de culto, pero jamás se han siquiera acercado a los sentimientos que “White Album 2” y la ruta de Lilly de “Katawa Shoujo” me hicieron sentir. Quizás es esta perspectiva, el saber que estas creaciones harían que muchos me considerasen como espectador poco por encima de aquellos que gozan de “Fast and Furious”, el que me permite entender que los sentimientos de diversos grupos demográficos no son tan diferentes independientemente de su experiencia.

Es por todo esto que no existe la “verdad objetiva absoluta para toda la humanidad”, que una obra no es por definición mejor que otra: Simplemente es la imposición de los criterios subjetivos de un grupo de poder sobre el resto de los segmentos demográficos que componen el arte, ignorando los juicios valorativos que justifican el que alguien adore “50 Shades” y no “Casablanca”


Comentarios

No hay ningún comentario

Añadir un Comentario: